Recordé de repente una fiesta, estabamos tus amigos y yo en casa de una chica a la que hicimos enojar por ser tantos.
Se acabó la bebida, me sentía bien y ustedes estaban muy felices celebrando, pedí la acostumbrada cooperación y me marché con tres personas más en busqueda de tan deseado líquido.
Regresé y me preguntaste con una sonrisa en el rostro ¿Por qué tardaste tanto? y me besaste, en toda la noche no me soltaste.
Al final, y sin justificarme, quería sentirme igual de buscada y desada. Tal vez, y aunque golpée mi cabeza sin resultado alguno de obtener recuerdos, por eso cometí tan garrafales errores. Inseguridad